Una comunidad de amigos, padres y madres con algo en común: el valor, amor y respeto por cada vida.

Cuando nuestra fundadora fue contratada en una clínica ginecológica en New York desconocía cómo era el aborto e ignoraba que allí se practicaba. Por eso al descubrir el drama que sufren muchas mujeres que caen en él se dedicó a escondidas de los abortistas a trabajar a favor de la vida.

Algunos años después se re-encontró con un grupo de sus amigos en Bogotá y sin haber hablado nunca sobre el tema descubren que estaban trabajando en lo mismo, la Defensa de la Vida. Lo que ocurrió después fue simplemente la consecuencia de un sentimiento común, no podemos quedarnos indiferentes, surgieron varias iniciativas, algunas dieron el fruto que esperabamos, otras no cómo se quería.

Poco a poco el deseo de hacer un buen trabajo nos llevó a conformar una fundación, una que estuviera inspirada en la Misericordia.